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Presentación

Tradición y modernidad en la música antigua


cartel festivalTradición y modernidad son dos conceptos clave en la historia de la cultura y del arte. Con frecuencia se indica que tal autor o tal creación es un “clásico” porque transmite formas artísticas y patrones culturales establecidos que se consideran valiosos y forman parte del canon occidental. De la misma forma, otros artistas u obras son calificados de “modernos” o “vanguardistas”, al desplegar recursos que quiebran o distorsionan los sistemas artísticos o culturales más aceptados, impulsando el surgimiento o el avance de un nuevo estilo. Ni una ni otra son categorías neutras: la tradición esconde bajo su apariencia clasicista el mantenimiento de las relaciones de poder mientras que, por el contrario, la modernidad aspira a una heterodoxa ruptura para invertir las funciones. Pero a veces ni la tradición es tan conservadora ni la modernidad tan progresista: con el paso de los años, lo que es tradicional puede revitalizarse y convertirse en vanguardia, y lo que es moderno puede anquilosarse y pasar a ser una antigualla. Visto desde una perspectiva más amplia, tradición y modernidad constituyen dos caras de una misma moneda, obligadas a convivir dialécticamente y a generar un rico debate estético que está en todos los grandes creadores –quienes por lo general innovan desde un profundo conocimiento de las reglas establecidas– y, por ende, en la base de misma nuestra cultura.

En el terreno propiamente musical, el debate estético entre lo antiguo y lo nuevo está presente desde que existen fuentes escritas. Ya en la Antigua Grecia se dieron agrias disputas entre los partidarios de la teoría pitagórica de los números y los defensores de la experiencia auditiva. En el periodo de transición entre el mundo antiguo y el medieval se estableció una nueva fractura de corte neoplatónico entre la música mundana de Boecio y la música como ciencia y praxis virtuosa de los instrumentistas. Nuevas polémicas reaparecen en el siglo XIV con la dicotomía del Ars Antiqua versus el Ars Nova, en el siglo XVI con los procesos de Reforma Protestante y Contrarreforma Católica con su incidencia en la comprensión del texto, en el XVII con la prima prattica y su opuesta seconda prattica, el madrigal y la teoría de los afectos –con su correspondiente repercusión en el plano armónico– y en el XVIII con el mito de la modernización de la música italiana y sus extraños “tañidos”, por no hablar de las famosas querellas que impregnaron la vida musical eclesiástica y teatral hasta 1800. Son sólo algunas de las reacciones y contrarreacciones producidas ante los cambios de estilo y la nueva concepción de la interpretación musical.
   
Aprovechando la celebración del XV aniversario, el Festival de este año propone una visión retrospectiva sobre la música antigua, analizando la confrontación estética y estilística existente entre conservadores y progresistas, entre los partidarios de lo clásico y los amantes de la vanguardia. Así, se pondrán en diálogo manifestaciones musicales contrastantes de lo nuevo y lo viejo a través de los estilos, formas y géneros más representativos de la historia. La música sacra y el canto llano (también llamado gregoriano) ocupan un lugar destacado en la tradición musical occidental, pues su vinculación con la Iglesia hizo que ese repertorio adquiriese cierta primacía y un estatus canónico; a él se dedicarán las actuaciones de Ensemble Organum y Schola Gregoriana Hispana. En estos dos conciertos también hace su aparición uno de los primeros estilos decididamente experimentales (y, sin duda, de los de mayor importancia histórica): la polifonía o composición a varias voces que suenan simultáneamente. La coordinación vertical de los sonidos y el uso del contrapunto y la armonía requirió de un sistema notacional más sofisticado; el desarrollo de la polifonía fue en aumento y, lejos de caer en desuso, adquirió una gran diversificación en generaciones posteriores. Así lo demuestran, por ejemplo, los maestros del Ars Nova y el Ars Subtilior (“arte más sutil”), estilos refinados de inaudita complejidad rítmica y melódica y elevada exigencia para los intérpretes (como demostrarán Canto Coronato y Cinco Siglos); o los polifonistas de los siglos XV y XVI, más interesados en la consonancia y la claridad y forjadores de un estilo internacional en su día pionero que, con el paso del tiempo, se convirtió en un ideal de música sacra que escucharemos tanto en versión vocal “clásica”, es decir, a capella (concierto de Ensemble Plus Ultra y diversos grupos del Ciclo Vandelvira) como con acompañamiento instrumental (Coro de la Generalitat Valenciana y Capella de Ministrers). En esa misma línea, puede considerarse a la policoralidad o composición musical a varios coros que se alternan y responden antifonalmente como un estilo de vanguardia: lo que comenzó como un experimento acústico-espacial en distintas iglesias de Italia a mediados del siglo XVI acabó perfilándose como una característica prominente del Barroco hispano que, en determinadas latitudes, adquirió una especial desarrollo en el siglo XVIII, justo cuando la técnica comenzaba a caer en desuso (Orquesta Barroca de Sevilla y Coro “Juan Manuel de la Puente”).

En el campo de las formas musicales, cantata, sonata y sinfonía formaban parte del grupo nuclear de estructuras que todo compositor que aspirase a reconocimiento debía cultivar con maestría en el siglo XVIII. A ellos se dedicarán las actuaciones de Al Ayre Español (con varias cantatas de José de Nebra, compositor que incuestionablemente forma parte del canon de la música española), Iván Martín (con una selección de sonatas de dos importantes precursores en la historia del género, Antonio Soler y Domenico Scarlatti) y la Orquesta de Córdoba (con varias sinfonías de Ramón Garay, de las primeras compuestas en España con cuatro movimientos). Dando un paso más, Ensemble La Chimera propone un diálogo abierto y sin complejos entre dos géneros separados geográfica y temporalmente y que, para sorpresa y deleite de todos, comparten más de lo que podríamos imaginar: el madrigal renacentista italiano y el tango argentino del siglo XX. Todo un ejemplo de fusión. Pero las poéticas de vanguardia no sólo se aprecian en la propia partitura, sino también en la forma de interpretarla. En ese sentido, varios conciertos ejemplifican cómo la imaginación de los intérpretes se ve alimentada por las tradiciones orales históricas y actuales (Grupo de Música Antigua y Ensemble Mudéjar), las músicas populares (Laberyntos Ingeniosos y Música Prima), la improvisación (More Hispano, Fahmi Alqhai) y el arreglo (Triorganum, Andrés Cea y Mark Chambers).

Estas temáticas se entretejen con varias efemérides que no podían obviarse, unas de carácter propiamente musical (los 400 años de la muerte de Tomás Luis de Victoria en 1611; los 300 de la llegada de Juan Manuel de la Puente a Jaén en 1711; los 250 del nacimiento de Ramón Garay en 1761) y otras más generales, pero relacionados de una u otra forma con la música (los 800 de la histórica batalla de las Navas de Tolosa, liada en tierras giennenses en 1212 –y a la que se dedica un ciclo específico–; los 350 años del nacimiento del poeta Luis de Góngora o los 300 años del alumbramiento de la reina música María Bárbara de Braganza en 1711). Como complemento a todo ello, se ofrecen diversas actividades académicas, quintaesencia de un certamen que, sin renunciar a sus señas de identidad, aspira a hacer de la música antigua un instrumento de modernidad.

Javier Marín López
Director del Festival

(ver programación)

Tradición y modernidad son dos conceptos clave en la historia de la cultura y del arte. Con frecuencia se indica que tal autor o tal creación es un “clásico” porque transmite formas artísticas y patrones culturales establecidos que se consideran valiosos y forman parte del canon occidental. De la misma forma, otros artistas u obras son calificados de “modernos” o “vanguardistas”, al desplegar recursos que quiebran o distorsionan los sistemas artísticos o culturales más aceptados, impulsando el surgimiento o el avance de un nuevo estilo. Ni una ni otra son categorías neutras: la tradición esconde bajo su apariencia clasicista el mantenimiento de las relaciones de poder mientras que, por el contrario, la modernidad aspira a una heterodoxa ruptura para invertir las funciones. Pero a veces ni la tradición es tan conservadora ni la modernidad tan progresista: con el paso de los años, lo que es tradicional puede revitalizarse y convertirse en vanguardia, y lo que es moderno puede anquilosarse y pasar a ser una antigualla. Visto desde una perspectiva más amplia, tradición y modernidad constituyen dos caras de una misma moneda, obligadas a convivir dialécticamente y a generar un rico debate estético que está en todos los grandes creadores –quienes por lo general innovan desde un profundo conocimiento de las reglas establecidas– y, por ende, en la base de misma nuestra cultura.

 

En el terreno propiamente musical, el debate estético entre lo antiguo y lo nuevo está presente desde que existen fuentes escritas. Ya en la Antigua Grecia se dieron agrias disputas entre los partidarios de la teoría pitagórica de los números y los defensores de la experiencia auditiva. En el periodo de transición entre el mundo antiguo y el medieval se estableció una nueva fractura de corte neoplatónico entre la música mundana de Boecio y la música como ciencia y praxis virtuosa de los instrumentistas. Nuevas polémicas reaparecen en el siglo XIV con la dicotomía del Ars Antiqua versus el Ars Nova, en el siglo XVI con los procesos de Reforma Protestante y Contrarreforma Católica con su incidencia en la comprensión del texto, en el XVII con la prima prattica y su opuesta seconda prattica, el madrigal y la teoría de los afectos –con su correspondiente repercusión en el plano armónico– y en el XVIII con el mito de la modernización de la música italiana y sus extraños “tañidos”, por no hablar de las famosas querellas que impregnaron la vida musical eclesiástica y teatral hasta 1800. Son sólo algunas de las reacciones y contrarreacciones producidas ante los cambios de estilo y la nueva concepción de la interpretación musical.

Aprovechando la celebración del XV aniversario, el Festival de este año propone una visión retrospectiva sobre la música antigua, analizando la confrontación estética y estilística existente entre conservadores y progresistas, entre los partidarios de lo clásico y los amantes de la vanguardia. Así, se pondrán en diálogo manifestaciones musicales contrastantes de lo nuevo y lo viejo a través de los estilos, formas y géneros más representativos de la historia. La música sacra y el canto llano (también llamado gregoriano) ocupan un lugar destacado en la tradición musical occidental, pues su vinculación con la Iglesia hizo que ese repertorio adquiriese cierta primacía y un estatus canónico; a él se dedicarán las actuaciones de Ensemble Organum y Schola Gregoriana Hispana. En estos dos conciertos también hace su aparición uno de los primeros estilos decididamente experimentales (y, sin duda, de los de mayor importancia histórica): la polifonía o composición a varias voces que suenan simultáneamente. La coordinación vertical de los sonidos y el uso del contrapunto y la armonía requirió de un sistema notacional más sofisticado; el desarrollo de la polifonía fue en aumento y, lejos de caer en desuso, adquirió una gran diversificación en generaciones posteriores. Así lo demuestran, por ejemplo, los maestros del Ars Nova y el Ars Subtilior (“arte más sutil”), estilos refinados de inaudita complejidad rítmica y melódica y elevada exigencia para los intérpretes (como demostrarán Canto Coronato y Cinco Siglos); o los polifonistas de los siglos XV y XVI, más interesados en la consonancia y la claridad y forjadores de un estilo internacional en su día pionero que, con el paso del tiempo, se convirtió en un ideal de música sacra que escucharemos tanto en versión vocal “clásica”, es decir, a capella (concierto de Ensemble Plus Ultra y diversos grupos del Ciclo Vandelvira) como con acompañamiento instrumental (Coro de la Generalitat Valenciana y Capella de Ministrers). En esa misma línea, puede considerarse a la policoralidad o composición musical a varios coros que se alternan y responden antifonalmente como un estilo de vanguardia: lo que comenzó como un experimento acústico-espacial en distintas iglesias de Italia a mediados del siglo XVI acabó perfilándose como una característica prominente del Barroco hispano que, en determinadas latitudes, adquirió una especial desarrollo en el siglo XVIII, justo cuando la técnica comenzaba a caer en desuso (Orquesta Barroca de Sevilla y Coro “Juan Manuel de la Puente”).

 

En el campo de las formas musicales, cantata, sonata y sinfonía formaban parte del grupo nuclear de estructuras que todo compositor que aspirase a reconocimiento debía cultivar con maestría en el siglo XVIII. A ellos se dedicarán las actuaciones de Al Ayre Español (con varias cantatas de José de Nebra, compositor que incuestionablemente forma parte del canon de la música española), Iván Martín (con una selección de sonatas de dos importantes precursores en la historia del género, Antonio Soler y Domenico Scarlatti) y la Orquesta de Córdoba (con varias sinfonías de Ramón Garay, de las primeras compuestas en España con cuatro movimientos). Dando un paso más, Ensemble La Chimera propone un diálogo abierto y sin complejos entre dos géneros separados geográfica y temporalmente y que, para sorpresa y deleite de todos, comparten más de lo que podríamos imaginar: el madrigal renacentista italiano y el tango argentino del siglo XX. Todo un ejemplo de fusión. Pero las poéticas de vanguardia no sólo se aprecian en la propia partitura, sino también en la forma de interpretarla. En ese sentido, varios conciertos ejemplifican cómo la imaginación de los intérpretes se ve alimentada por las tradiciones orales históricas y actuales (Grupo de Música Antigua y Ensemble Mudéjar), las músicas populares (Laberyntos Ingeniosos y Música Prima), la improvisación (More Hispano, Fahmi Alqhai) y el arreglo (Triorganum, Andrés Cea y Mark Chambers).

 

Estas temáticas se entretejen con varias efemérides que no podían obviarse, unas de carácter propiamente musical (los 400 años de la muerte de Tomás Luis de Victoria en 1611; los 300 de la llegada de Juan Manuel de la Puente a Jaén en 1711; los 250 del nacimiento de Ramón Garay en 1761) y otras más generales, pero relacionados de una u otra forma con la música (los 800 de la histórica batalla de las Navas de Tolosa, liada en tierras giennenses en 1212 –y a la que se dedica un ciclo específico–; los 350 años del nacimiento del poeta Luis de Góngora o los 300 años del alumbramiento de la reina música María Bárbara de Braganza en 1711). Como complemento a todo ello, se ofrecen diversas actividades académicas, quintaesencia de un certamen que, sin renunciar a sus señas de identidad, aspira a hacer de la música antigua un instrumento de modernidad.

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